A la hora de cuidar nuestro cabello, siempre podemos pensar que en realidad su comportamiento natural es muy similar a los materiales textiles de origen natural. Es decir, hay que contar que con el paso del tiempo va sufriendo una degradación en su calidad y en su aspecto. No es un drama, es una realidad muy fácil de asumir. No obstante, ese proceso puede acelerarse por el uso de agentes externos, como por ejemplo el uso de colorantes y decolorantes del cabello.

LOS TINTES CAPILARES

Está claro, los tintes para nuestro cabello tienen únicamente una función estética. Son un agente externo y no natural, y no cabe duda de que por definición han de ser perjudiciales. Un perjuicio más fuerte cuanto más radical es el cambio en el color del cabello. De hecho, se recomienda no variar el color de pelo más de tres tonos por encima o por debajo de la tonalidad natural. Además, al igual que comentábamos en un post anterior sobre productos como gominas o lacas, donde interviene la química artificial en su elaboración, es recomendable leer las fichas de los productos de tinte que utilicemos, siempre con el objetivo de hallar aquellos que posean un carácter lo más natural posible. Aún sabiendo que jamás serán un 100 % natural, y siempre algún daño van a provocar a nuestro cabello. Pero está claro que podemos y debemos minimizarlo todo lo que esté en nuestras manos.

UNA FALSEDAD SOBRE LOS TINTES

En ocasiones se dice que ciertos tintes no solo cambian el color de nuestro cabello, sino que incluso le dan cuerpo. Falso. Simplemente se trata de que el proceso de teñido hace que nuestro pelo se distancie del cuero cabelludo, aumentando así el volumen. Es un hecho físico que no implica una mejor salud capilar.

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